El eco del pasado
Han pasado 32 años desde que en
febrero de 1981 un grupo de guardias civiles, con el teniente coronel Tejero a
la cabeza, irrumpiesen a la fuerza en el Congreso de los Diputados mientras se
votaba la investidura de Calvo Sotelo. Con su acción no solo sembraron el
pánico entre los allí presentes, sino que mantuvieron a toda una nación en
vilo, temerosa de que la tan anhelada democracia se truncase casi nada más
nacer, con la sombra del franquismo planeando todavía sobre sus cabezas.
Muchos jóvenes quizás guarden un
vago recuerdo, otros ni siquiera vivieron aquel momento histórico, que quedó
grabado en las retinas de millones de españoles. Pero ahí están sus padres y
abuelos, que pueden recordarles los momentos de dramatismo y tensión vividos
aquella fría noche de invierno, en la que muchos incluso pensaron en huir del
país. Esa noche fue, sin lugar a dudas, la prueba de fuego de la democracia.
Cobra hoy especial relevancia
este aniversario porque, más de una treintena de años después, esa democracia
que tanto costó conseguir es cuestionada una y otra vez. La crisis económica,
social y política que vive nuestro país ha hecho a más de uno replantearse si caminamos
en la dirección correcta. Incluso la imagen del rey, figura clave en el
desmantelamiento de la intentona golpista, ha quedado hoy totalmente desfigurada
por todos los escándalos que han salpicado en los últimos meses a la Casa Real.
Pese a estas vicisitudes, lo que
quizá deberíamos plantearnos es qué hubiese sucedido si el frustrado golpe de
Estado hubiese fructificado. Parece claro que nos encontramos en el punto
adecuado, pero sin la perspectiva correcta. Vivimos en un país democrático, y pese
a sus notables deficiencias, lo cierto es que si todos remamos en la misma dirección
quizá podamos lograr cambios de base en el sistema que ayuden a mejorarlo. Porque
lo que parece obvio es que debemos estar agradecidos por lo que pudo ser y no
fue.