Derecho a la desinformación
Cuando alguien habla de rueda de
prensa, lo primero que nos viene a la mente es aquella imagen de una sala de
conferencias repleta de periodistas de diversos medios de comunicación, en la
que el conferenciante habla y los profesionales tienen derecho a plantear las
cuestiones oportunas en la posterior tanda de preguntas. Y sin embargo este
concepto ha sufrido tal deterioro que incluso se llegan a concebir en la
actualidad las ruedas de prensa sin preguntas.
Aunque parezca algo inaudito, son cada vez más los líderes políticos que escudándose en sus discursos unilaterales evitan enfrentarse a preguntas incómodas, privando a los periodistas de la posibilidad de réplica, sin ofrecer ningún tipo de explicación. La trascendental labor que al periodista le correspondería queda así limitada a la de mera transcripción, el orador habla y ellos toman apuntes, como si de un dictado se tratase. A tal extremo hemos llegado que en la última comparecencia pública del presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, éste ni siquiera se presentó ante la prensa físicamente, sino que su discurso tuvo que ser seguido a través de la pantalla de un televisor.
Y se plantea aquí la cuestión de cómo es esto posible y permisible en España, un Estado democrático y de derecho, en el que el derecho a la información aparece reconocido como fundamental en el texto constitucional. Derecho a la información que por cierto, y aunque muchos quieran hacernos creer lo contrario, no se basa en recibir y absorber informaciones institucionalizadas, sino en un trabajo exhaustivo del periodista que contrasta, investiga y decide qué tiene valor para el público, dejando de lado todo tipo de sectarismos.
Parece que son los propios medios de comunicación los que tienen la solución en sus manos. Si sus directores se pusieran de acuerdo para no enviar periodistas a cubrir este tipo de informaciones, como ya hicieron algunos diarios digitales el pasado sábado 2 de febrero con la comparecencia de Rajoy, quizá la cosa cambiaría, y mucho. Porque, ¿qué necesidad hay de que los periodistas acudan a escuchar un discurso político a través de una pantalla de televisor, cuando pueden hacerlo desde casa?
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